sábado, 20 de agosto de 2011

Mi tío Celofán


I tell ya
Cellophane
Mister cellophane
Should have been my name
Mister cellophane
'cause you can look right through me walk right by me
And never know I'm there. . .

Mister Celophane es un personaje de la película Cabaret con el que yo asociaba a una persona muy querida, era la modestia personificada, la laboriosidad y el cariño de la familia eran sus valores y daba sabios consejos a quienes se lo pedían, siempre quiso ser invisible no destacar por nada, sólo servir a los demás. Pero era un hombre muy culto en literatura, arte y la naturaleza humana, amigo de artistas de teatro, admirador invisible de actrices, consejero de clientes, vecinos, familiares y amigos. Era un administrador de loterías, por ende de sueños, sí de sueños, era confesor de secretos del barrio, desde asistentas hasta marquesas y jueces se acercaban a su sombra para una directriz en la vida, qué opinas Juan José, era nuestro tío Juan José, él que hace días se fue sin hacer ruido, de repente le falló el corazón, ese grandísimo corazón con el que vivió toda su vida, y cómo los hombres invisibles que al final dejan una huella más marcada que los demás, más que el rastro de los hombres que siempre están en el candelero, en primera línea, más que la de los hombres visibles, él no, él era invisible, transparente, era mi tío Celofán. Dejó escrito no quiero flores en mi entierro, todo sencillo y el funeral que sea en Santa Bárbara.

Era el que me guardaba los sellos de España para mi colección de sellos en sobrecitos transparentes de celofán, el que daba premios gordos y cambiaba vidas como las hadas madrinas, por sus manos pasaba mucho, mucho dinero que no era suyo era dinero prestado por instantes para enseguida llegar a las arcas del estado, dinero que defendió como suyo poniendo en peligro su vida en varias ocasiones que intentaron robarle, porque así era y debía ser el deber de un hombre invisible, aunque invisiblemente único como él.

 Y después de la guerra era el emigrante que se fue con sus primos a América, a Cumaná donde nacimos mi hermana gemela Regina y yo, a orillas del Caribe y allí regentaba el cine Pichincha que estaba en la misma calle donde nació el poeta Andrés Eloy Blanco el de los versos “pintor nacido en mi tierra…, píntame angelitos negros... que vayan comiendo mango por las barriadas del cielo" que más tarde inmortalizaría en una canción Antonio Machín, y vivía en la Plaza Bolívar con nosotras pequeñas, el tío Coté. Andrés Eloy Blanco hablaba de ángeles de todos los colores se le olvidaron los angeles invisibles. Fue empleado de confianza, como se decía entonces, de Ars la agencia más importante de publicidad de Venezuela, recordaba antes de morir cómo le felicitaron los auditores por cómo llevaba la contabilidad de perfecta, pero eso fue más tarde cuando nos mudamos todos Caracas y él dejó de vivir con nosotros para tener su propio piso de soltero. Ars cuando regresó a Madrid, por motivos de la salud de su queridísima hermana Concha, a dónde partió para ya no regresar al sueño americano, le escribió varias veces pidiéndole que regresara y diciéndole que le mantenían una oferta y un puesto permanente por haber sido un trabajador ejemplar. Y él suspiraba por su Venezuela añorada, la que tal vez nunca debió abandonar, decía en las últimas horas de su vida con lágrimas en los ojos " mi Venezuela dónde fui feliz, muy feliz" .

 Y a su regreso tuvo que aprender a vivir bajo el régimen de Franco, como tantos otros, el mismo régimen que a través de dos guardias civiles les habían intentado arrancar las medallas de su comunión a él y a su hermana un día en la escalera de casa porque eran rojos. Aprendió a vivir sin alharacas,  haciendo lo que a un hombre de celofán le toca hacer, como el celofán: ser transparente y dejar que todo se vea a través, que fluya sin resistencias, que fluya simplemente, transparente, y a veces un poco más opaco, tal vez mostrando las cosas de otro color que el color real pero dejarlas pasar, dejar pasar sí, dejar vivir,  vivir ver y callar, siendo libre siempre de alma y de espíritu, ser nada decía, sin nada, dejar el pensamiento intacto impoluto en silencio pero libre. En Madrid cumplió con su responsabilidad de hijo y hermano, llevando el día a día del estanco y la lotería, ambos negocios de los que habían perdido las licencias después de años de estar en la familia, se las dieron a dos viudas de guerra de los vencedores. Y lloró cuando en la transición democrática pudo meter en las urnas su voto, y expresar su libertad y cuando en la democracia le devolvieron la licencia del estanco a su hermana. Él que no se cansaba de leer, ver buen cine y escuchar buena música y mucha ópera, cómo le gustaban María Callas, Marina Rinaldi, y la joven Uthe Lemper, Pavarotti, Domingo, Carreras, Kraus. Amante del teatro y sus intérpretes que le contaban sus vidas, admirador misterioso y secreto de una de sus actrices favortitas con la que hablaba por teléfono sin identificarse, amigo de directores de orquesta, alumno de Alexandre... Pero muy pocos sabían todo lo que escondía detrás de esos ojos azules acuosos y dulces, lo que sabía y amaba el tío Celofán.

Dejó escritas sus frases favoritas de las que copio cuatro, la última la de San Agustín hoy pienso, es su propia definción


"Para ser feliz es preciso vivir escondido"
 Víctor Hugo.

"Dichosos los que nunca llegan a nada y siguen"
Anónimo.

"Que nada te turbe, que nada te espante, la paciencia todo lo alcanza"
Santa Teresa.


"La Modestia fue su mejor gala, la laboriosidad su recreo más dulce, el hogar el centro de sus amores"
San Agustín.


 

Y cierro con estos versos de José Agustín Goytisolo


"Y suspiraron
tranquilos y rezaron por ti. Te concluyeron ...

Pero tu nombre sigue aquí,
tu ausencia y tu recuerdo
siguen aquí.
           ¡Aquí!
Donde tú no estarías
si una hermosa mañana con música de flores,
los dioses no te hubieran olvidado


1 comentarios:

  1. Un post conmovedor Anna María, preciosa despedida para alguien que es evidente que amaste y admiraste mucho. Un abrazo.

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anamaria