sábado, 30 de abril de 2011

ELLA FELICITABA DE VÍSPERA, DORA MI SUEGRA MADRE



En vísperas del día de la madre,  a mi segunda madre Dora.

Ella siempre estaba sentada en la ventana mirando lo que pasaba en el mundo, mirando fuera, con las antenas puestas, y con la radio, la radio rota atada con una goma para que no se le cayeran las pilas, era su universo, como las ventanas de Matisse, una ventana llena de sol, de mañana, de atardeceres, de España. Podía ver el Bernabéu, y al comienzo todos los partidos de futbol desde su cristal empañado, hasta que le subieron  las gradas y ya sólo podía oír los goles que la llenaban de emoción. Desde el primer momento supo y supe cuál era el lugar que iba a ocupar en mi vida al llegar a su país que no era el mío aún siéndolo, un país del que había oído hablar toda mi infancia, cuando me recibió con los brazos abiertos y la sentí como un mar, como una gran ola que me abrazaba, igual que venían las olas a abrazar la arena de la orilla de la costa, la sentí como el mar de Caigüiré que me vio nacer en el Caribe, arrulladora, cálida, espumosa, inteligente, sabia. Pero ella nació en secano, en la Castilla pura y profunda en el Benavente del castillo, de la torre, del paseo de la Mota, de la vega frondosa, de las amigas de la infancia, en mitad de todos los caminos, encrucijada de comerciantes, de cultura, de saber, dónde aprendió a ser abierta y a ser ella, a reivindicarse y ser una de las primeras farmacéuticas de España.

Comíamos todos los martes, comíamos ella y yo solas, consomé, filetes empanados perfectos, ensaladas de escarola con ajo en su punto con unos aceites de oliva de Jaén buenísimos, y de postre leche merengada que me enseñó a hacer, o flanes de manzanas… porque los postres comprados eran cremadinas indecentes. Comemos como reinas,  me decía y me hacía sentir lo más importante del mundo. Se interesaba por todo lo que yo hacía, decía, pensaba o sentía y ella me contaba también su universo.  Los sábados era otro cantar, cantar sonoro, los sábados estábamos todos, mi suegro, mi marido, su hermana, mis cuñados, cuñadas los sobrinos era una algarabía donde ella brillaba y la atención era para todos, pero los martes era solo mía. Se convirtió en mi segunda madre, ella sabía que los míos estaban, todos lejos y se dijo no lo notará procuraré que no lo note, y cuántas veces lo consiguió. Y en verano íbamos a verla a la Magdalena, allí estaba siempre, siempre bronceada en la pradera y no en el Palacio donde le correspondía; porque  ella así lo prefería: abajo con los jóvenes, en caballerizas, al borde del mar donde era feliz.

Estaba al día de todo lo que sucedía en política, el Ministerio de Educación, en la Universidad; vibraba con la carrera de su marido Paco y la de sus hijos, como si fueran  la suya propia, vivía como una veinteañera la transición, la democracia, el voto, y decía al fin ha llegado!!! El día del golpe me llamó al trabajo y me dijo: hoy duermes con nosotros ni se te ocurra volver a casa, Félix mi marido estaba en París, Chomin en su casa  y… esta noche ya sabes Paco, mi hijo, no dormirá en su casa, por lo que pueda pasar. Unía a todos, con su teléfono presto a marcarse, era su internet, su red social, no me cabe la menor duda de que si aún viviera estaría colgada de facebook enterándose de todo lo que pasaba con sus nietos y biznietos. Con el teléfono estaba al día, nos conectaba a todos, y nos llamaba la víspera de los santos y los cumpleaños para felicitarnos. Porque ella felicitaba de víspera, Dora mi suegra madre. Era su costumbre nunca en el día, sino de víspera... Siempre anunciando, siempre un  paso por delante mirando el futuro, nunca al pasado.

Y cuando quisimos regalarles una tele se negaba para qué no la necesito, hasta que un día le llevé una en blanco y negro y le dije, no costó nada fue en una subasta de un ejecutivo de Procter que regresaba a México, para que la pruebes, ya me dirás si te gusta. Y le gustó, aquella tele de segunda mano y tecnología obsoleta se convirtió en su segunda ventana, entonces  sí dejó que se la cambiáramos por una de colores. De todas formas siguió siendo una mujer de radio. Dora puso una estampita de San Antonio en un almanaque donde tachaba los días y que se quedó fija en el día que me fui a Londres a curarme el cáncer con la quimio, esa hoja del calendario se quedó siempre allí debajo de todos los almanaques nuevos, era su manera de decirme tienes que vivir, y cuando me quedé embarazada de su nieto Jaime, sé que fue la mujer más feliz del mundo y el calendario se llenó de flores. Y ella se fue callada en un mal soplo del corazón debilitado con el paso de los años y cuántas veces la he echado de menos, tantas que ya he perdido la cuenta. Pues Dora, eso eso, quita quita, no sé cómo agradecerte todo lo que hiciste por mí, sin que te tocara hacerlo, pero así son los grandes amores del mundo, son los más generosos y desinteresados. Y aunque ya no estés, y aunque ya no seas, siempre serás y estarás dentro de mi corazón, mis recuerdos, mis quereres y afectos. Gracias por el hijo del que me enamoré, gracias por ti y feliz día de la madre, de víspera e in memoriam.

0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

Leeremos tu comentario y si nos parece que cumple con el aire de este blog se aceptara
anamaria