Ayer las ciencias adelantaban que era una barbaridad
Hace cuarenta años, exactamente el veinticuatro de septiembre 1998, ocurrió en París el primer trasplante de una mano cadáver. Hoy éstos y similares son tan frecuentes como las liposucciones e implantes de siliconas de entonces, que se hacían para poner y quitar carne y grasa a voluntad. No existe aún la píldora mágica. Entonces los trasplantes de miembros de cadáveres solucionaban un problema médico. Una gangrena, una amputación cancerígena, en fin... clínicamente se sustituían por miembros saludables de recién-muertos.
Tengo ochenta años y me indigna la frivolidad con que las Misses se operan y cambian sus miembros para tener piernas a lo Marlene Dietrich, pechos a lo Sofía Loren, brazos a lo Silvie Guillén, rostro a lo Ava Gardner, los ojos de Angelina Jolie, el culo de Jennifer López y la cabellera de París Hilton. Y se presentan a los concursos internacionales de belleza (por los que para erradicar luchamos en mi generación) con el descaro de la que no ha roto un plato y con parte del cuerpo robado de otra; bueno, corrijo, comprado por catálogo.
Las revistas del corazón de antaño tienen menos tirada que los catálogos de Internet-móvl donde se exhiben fotos de manos, pies, brazos, rostros, orejas, cuellos, piernas, glúteos perfectos, incluyendo las direcciones correspondientes de los galenos que tienen a su disposición -congelados- dichos miembros de esos cuerpos hoy sin vida. Es allí desde dónde, ellas mismas: las Miss Cadáver, como se llaman ahora y con más de un millón de seguidoras en facebook, con su imaginación -y luego con el bisturí y el quirófano- se diseñan, el DIY “do it yourself” aplicado al body compadre, y luego se hacen fabricar su cuerpo ideal. A veces se intercambian miembros como cromos. Yo te doy y tú me das.
Hoy todo está patas arriba y ustedes dirán que ya estoy vieja, que mi intransigencia es ley de vida, que es porque a mi almanaque le quedan pocas páginas que arrancar, que es la típica incomprensión generacional; pero yo pienso que ya no hay cordura ni fundammento. Las mujeres ahorran para implantarse alguna bella mano que encantó a su marido en un catálogo y él, en algún momento, sugirió que le gustaría le acariciara el sexo. Y los sorprenden con ese sacrificio de su ciego amor. Pero no sólo son las mujeres, los hombres están en la misma vaina, aunque a mí, que quieren que les diga me afecta más mi género. Llaman por Skype. Es mi nieta, tiene veinte años. Y con catálogo compartido online me dice: Abuela, quiero tu consejo para ver que me cambio, me presento a Miss WWW-web5.0 este año.
De vuelta de vacaciones off y un placer de nuevo leerte Ana María, grande tu post, gracias por reflexionar en voz alta sobre los que otras pensamos
ResponderSuprimirUn abrazo
María gracias de nuevo, me gusta sorprender y que os sigan gustando mis historias, gracias a los fieles lectores como tú. Abrazos
ResponderSuprimirSugierele que sea como es, tal cual. Si persiste mucho, mirad juntas a ver si encontrais por catalogo el cerebro de alguna de las grandes damas de la ciencia, literatura o el arte.
ResponderSuprimirMe recomendaron esta lectura. No me ha defraudado.
Saludos.
Mil gracias mildolores por tu bello comentario
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