viernes, 6 de agosto de 2010

EL TURBANTE ALMIDONADO




De amores y castas . A Satbinder

Aritha era estudiante de Física de Sólidos en Urbana. Nació americana y sus padres eran de Nueva Dehli. Biólogos y profesores en la Universidad. Su normal infancia transcurrió con libertad -la propia de cualquier otra niña americana-, con la excepción de los hábitos de comida (que a ella le parecieron más divertidos y apetitosos) y la ausencia de educación religiosa formal. Al crecer supo que ellos eran agnósticos aunque sijistas de cara a ambas familias, una combinación de islamismo y tradiciones hindúes. 

Su padre era un Singh, que guardaba su turbante almidonado en el altillo del trastero y sólo lo sacaba en ocasión de las visitas indias. Eso la divertía. Al anunciar visitas de parientes, él decía: Pondremos en danza el almidón; y su madre lavaba y almidonaba de nuevo el turbante hasta quedar tan tieso como las coronas del arcón del teatro del colegio.

Y ellos, siempre enamorados, reían en íntima complicidad. Y ya adolescente, cuando ella no entendía las cosas que antes veía tan meridianamente claras, les pidió: Explicarme la historia del turbante almidonado. Y ellos replicaron: Cuando seas mayor de edad. No olvidó la fecha. El cinco de agosto de 1988 cumplió los diez y ocho. Les recordó la promesa. Y solemnes, por primera vez, le contaron sus vidas.

Fue cuando supo que se habían enamorado intercastas y eso no tenía remedio, ni final feliz posible en India. Supo que su padre era Braman y no Sij; y que perdidamente de su madre enamorado, jamás habría podido aspirar a su mano si no se convertía al islamismo sijista. Su padre, por su madre mintió el día que su futuro suegro, hoy su abuelo, los vio pasear por el parque y le preguntó su apellido y él respondió: Singh soy Sikh. El entuerto ya estaba lanzado, se cambió el apellido con el consiguiente repudio de los suyos, aún hoy algún hermano y tío no le han perdonado. Fue la única salida. Como teníamos la certeza de emigrar, no nos preocupó. Un amigo me enseñó a enrollar el turbante y tu madre lo sobó y almidonó para que pareciera llevado toda la vida, el primer día de visita a tus abuelos. Mi apellido no es Singh sino Narayanaswami. Nunca creas que he sido el único, hay miles de turbantes almidonados como el mío en India.

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anamaria