sábado, 17 de julio de 2010

CUANDO FUI A VENDERLE AVIONES A LA BABYSITTER. AÑOS 90




Al tocayo de mi bisabuela Balbina, (la única bisabuela que conocí).

Fui a América Central, a vender pájaros con alas de aluminio. Mi ministro dijo: Vende muchos, allí te ayudarán el embajador y sus contactos. Si eres amigo del vicepresidente... No. no lo conozco. Pues búscate la vida y no vuelvas con las manos vacías. Aterricé en la selva profunda y majestuosa. 

Primer round: Cena en la Embajada. El embajador prometió sacar el tema a colación. Después de tres horas de viandas y bebidas, nada. La charla con el Vice se centró en su Señora. Con cistitis, en un baile de ir y venir a Miami andamos entre zumos de arándanos y cranberries. Y nada, sigue la misma vaina. Y yo por lo bajinis: Embajador los aviones, acompañando las palabras por suaves pataditas. Y él muy gracioso dice: Los aviones canadienses son mejores. Yo lo fulmino con la mirada, y él no se da por aludido. Se fue el Vice y ante mi inquisición: Chico no viste que él no estaba por la labor. Más bien fuiste tú el que no estuvo. 

Segundo round: Sala elíptica del Capitolio. Reunión con el Vice y nuestra Directora de la fábrica de aviones. Y el Vice piensa: Qué hace Cosalinda en un sitio como éste. Y macho él (no iba a ser menos): Sepan que yo (subrayado) soy Doctor por la Sorbona y mi esposa -que es francesa- también tiene el Doctorado francés. Me entró la risa y el aire provocador (que me da cuando no debe). Pues yo soy hijo de torero, mi mujer es cantaora de flamenco y le da bien al zapateao y mi her mano -navajero- está en la cárcel de Carabanchel. Y ella la Directora de la fábrica, se despachaba a gusto, dándome puntapiés debajo de la mesa. Esperé la reacción del Vice, por ver cómo encajaba el golpe y qué iba a pedir a cambio del negocio. Pero replicó: Trato hecho, y no pidió nada. Vendrán con la rebaja luego, susurró por lo bajo ella -Cosalinda-. Y él: Mañana verán al Excelentísimo. 

Último round: Casa Amarilla. Nos reciben canes hambrientos encabritados y babosos. Y el Dictador, con legañas, pijama con corbata y recién amanecido dice: Dígale a mi Compadre el Presidente suyo, que recuerde que soy la Babysitter de sus niños terroristas, que me financie el negocio; y que si no se los mando a descoyuntarle huesos. Porque él sabe lo tremendas y malcriadas que son sus criaturitas. Ese, ese era el precio. 


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anamaria